Los
telediarios no dejan de recordar que el trabajo está fuera y los anuncios se
empeñan en que hay que perseguir la felicidad. Eso se presenta en un círculo
rebosante de estrechez de miras y de envidias. Para sobrevivir ante semejante discordancia
muchos huyen, o lo que a día de hoy es más apropiado: emigran. Tal ambiente
generacional es el que dibuja Jorge Torregrossa en La vida inesperada.
La sociedad
dictamina el sendero perfecto y lineal por el que todo miembro debe cruzar;
aunque luego se sabe que lo mejor de tal vía son las distracciones, las
piedras, los atajos y las sorpresas que dibujan las curvas dentro del mapa (porque
el recto se hace tedioso). Juanito (Javier Cámara) ha zigzagueado mucho, y su
primo Jorge (Raúl Arévalo) ha obedecido más al rebaño y ha cumplido con la
rectitud sentenciada.
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| © Ruleta Media / Bullet Pictures / TVE |
Ellos son las
dos caras de una misma moneda: ¿Quién es el triunfador y quién el perdedor? Juan
es una persona más conformista aunque ha arriesgado más en su vida, mientras
que Jorge está más apocado ante las nuevas circunstancias que le devienen. La
cinta bien podría resumirse en una frase que sale de su boca, tan peligrosa y
tantas veces pronunciada: “No me atrevo”. ¿A cambiar de sendero? ¿A aventurarse?
¿A no saber si serás más feliz?
Y cómo no, todo
sucede en Nueva York, la urbe grande que personifica el mundo por descubrir. El
bullicio es contante y uno encuentra de todo, pero a la vez es el lugar donde
más soledad puede haber. Ambas facetas se reflejan y quedan personificadas en
los protagonistas: la ciudad de las oportunidades que todos anhelan pero que
cuando se está inmerso en ella, las luces ya no se ven tan maravillosas.
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| © Ruleta Media / Bullet Pictures / TVE |
Y depende del
carácter de cada uno cómo afrontarlas o no: El Primo –se llama Jorge, pero
apenas se menciona- es una revisión del Isidro de "Tres sombreros de copa" (obra
que aparece en la cinta): una novia de toda la vida, un trabajo estable, el hijo
ideal que toda madre desea, aunque no está muy claro si él está cómodo en el
estatus que ha acabado. Juan es un actor que marchó a Estados Unidos en busca
de su sueño y escapar de un obtuso entorno (que se vislumbra por una ventana de
Skype con una inmensa Gloria Muñoz en el rol de madre). Sin estabilidad en
ningún ámbito de su vida, empieza a ver cambios, como que su amiga –mejor
dicho, follamiga- Sandra (Carmen Ruiz) emprende también
el vuelo para labrarse un futuro.
Elvira Lindo
redacta un guion sobre sueños, esperanzas, luchas y miedos; siempre dura pero
con gracia, la escritora deja en manos de Torregrossa una historia que él sabe
reavivar con una buena fotografía que plasma el encanto neoyorkino con un halo
de nostalgia, con una más que correcta banda sonora, y con un casting con dos
capitanes de lujo.
Una hermosa pieza
en la que después de secarse las lágrimas, se recapacita. La historia no da
soluciones, sino que propone preguntas, y más si el espectador está en la
treintena, década en la que uno pone a medir su valentía.
Al fin y al
cabo, “inesperada” es un calificativo inherente a la vida: una sucesión de
hechos que no se esperan y en la mano de uno está o no cerrar la puerta.
Lo mejor:
Javier y Raúl.
Lo peor: Que
de primeras se confunda con una comedia para pasar el rato.
(@Llesterday_Mary)



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