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lunes, 18 de agosto de 2014

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Guardianes de la Galaxia: S.O.S Universo

Como los grandes platos, los cómic llevados al celuloide deben prepararse con sigilo y meticulosamente. La saga X-Men ha proporcionado un menú perfecto que se ha saboreado con gusto, como las dos catas de Spiderman, cada una destinada a diversos paladares… Pero si no se sigue la receta o no se escogen los ingredientes de buena calidad, el resultado será nefasto… Daredevil no siguió bien los pasos, y Linterna verde quedó insípida. En cambio hay otras veces que surge un título que no sólo sigue la composición al dedillo, sino que sus mezclas consiguen crear un título de fusión que sorprende.

James Gunn entra en el Universo Marvel por la puerta grande; tanto que la segunda ya está en preproducción y prevista para el 2017. Ha sabido exprimir una historia poco popular del repertorio de la editorial y sacarle todo el sabor. Y revolucionando el combo final, porque sus ingredientes ya se han disfrutado en todas las mesas, sin embargo Gunn tiene mano para combinar, porque las dosis de comedia, acción y aventura están muy bien medidas.

© Disney
La trama es una Space Opera con un simple esquema: un quinteto emprende una aventura épica para que el mal no se apodere del universo. Sí, ya conocemos a Los Vengadores, pero este grupo es bastante más folclórico y más políticamente incorrecto.

Los cinco trúhanes son metidos en una prisión, allí hacen migas e intentan escapar mediante artimañas propias de las contiendas penitenciarias (permítanme por favor acordarme de esa escena, con todos los delincuentes uniformados, en la irreverente y actual serie Orange is the new black).
He ahí el nacimiento del grupo:

-     El héroe. Peter Quill es el “jefe” de esta pandilla: un tanto socarrón, mujeriego con labia, y un saqueador melancólico de su pasado en la Tierra durante los años ochenta. Desde luego la varita mágica digital es sublime en la película, pero el cambio radical de Chris Pratt es flipante. El actor ha pasado de estar en la categoría de Jonah Hill, Jack Black o Josh Gad para entrar a la de Channing Tatum, Jude Law o Ashton Kutcher. Y quien no me crea que le vea por favor en Menudo fenómeno o Her.

-     La “convertida” (y también femme fatale). La que duda de cuál es el camino a seguir, si el del bien o el del mal. Zoe Saldana ya se ha embarcado en varias de estas superproducciones; da igual que la pinten de azul como en Avatar como aquí que está de verde, ella interpreta muy bien a Gamora. Cómo gusta siempre la tensión sexual en el ambiente ¿eh? ¡Por favor, no se quejen, que no es spoiler! ¿Alguien dudaba que entre estos dos no la fuera a haber?

-     El vengativo, el que desea acabar con los asesinos de su familia: Ese es Drax, y Dave Bautista, luchador profesional, no desentona como actor novel que es. Para personificar a la fuerza bruta está perfecto.

-     El vacilón, que le toca a Rocket, un mapache con una lengua afilada encargado de soltar los chascarrillos de turno que hay en toda ficción comercial que se precie. Es Bradley Cooper el que le pone voz en la versión original, y el estilo del actor casa bien con esta criaturita.

© Disney
-     El buenazo. El noble amigo del anterior, al que le sobra corazón, el fiel a sus allegados. Groot (Vin Diesel) es una versión de Chewacca, y con similitudes a Hodor, de Juego de Tronos, ya verán por qué. Así este par son como Timón y Pumba, como R2D2 y C3PO, una pareja cómica y  tierna que tantas y tantas veces han aparecido en peripecias de diversa índole.

Secundarios de lujo como John C. Reilly, Michael Rooker, Benicio del Toro, ¡Y hasta Glenn Close! se pasean por estos lares intergalácticos.

Guardianes de la galaxia es sangre nueva dentro de un sello que desde hace tiempo pedía a gritos andanzas frescas. El ritmo está más que conseguido para que nadie se aburra y sabe sorprender con pequeños giros en la historia. Aunque vamos, que el sistema intergaláctico dependa de estos personajes ya es atrevido de por sí…Toca el amor, la amistad, la superación y la venganza equilibradamente, sin sucumbir al tono infantiloide.

La puesta en escena es otro punto y aparte: bebe de Star Wars sin fotocopiar. Los emplazamientos, elaborados con tecnología punta, demuestran la personalidad de una nueva franquicia que viene para quedarse. Eso sí que son 110 millones de euros bien invertidos.

La dirección artística deambula entre lo novedoso y lo retro, como bien marca la banda sonora. ¿Otra mezcla explosiva? Así oiremos I´m not in Love, de 10cc, Hooked on a Feeling, de Blue Swede, o Ain’t No Mountain High Enough, de Marvin Gaye & Tammi Terrell. Grandes hits recogidos en un walkman… ¡Con sus cascos de espumilla! Y además la mención a Footlose…Un remember para todos los nacidos entre finales de los setenta y principios de los ochenta. Efectivamente, la mezcolanza de la película es pintoresca, y con su estética pop envuelve los clichés del género para narrarlos con fluidez.

Y sin que uno se dé cuenta, en dos horas pasan por nuestros ojos divertimento, acción, decorados coloridos y el cameo de Stan Lee.

Por eso, no tengan dudas en la calidad de este blockbuster. Una vez degustada, yo ansío que me traigan el segundo plato cuanto antes.

Lo mejor: Los personajes y cómo desenvuelven su aventura.
Lo peor: La dura espera de sus fans para la siguiente entrega.

Por María Aller
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domingo, 17 de agosto de 2014

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Begin again: Tú la composición, yo la pasta.

La crisis mundial se ve más atractiva en Nueva York que en cualquier otro punto del planeta. Igual que sus soluciones parecen más fáciles en la ciudad que nunca duerme: renovarse o morir, volver a nacer, comenzar de nuevo... Elija cada uno el eslogan que quiera, pero el significado es el mismo. 

© The Weinstein Company
Esta es una historia de dos almas en pena, que se necesitan el uno al otro en el momento más loser de sus vidas. Dan (Mark Ruffalo) es una bala perdida dentro del mundo de las discográficas y Gretta (Keira Knightley) acaba de salir de una relación con un músico que ha preferido el éxito que a su novia. Él ve el gran potencial de la chica, también compositora, y decide ayudarla a labrarse una carrera para demostrar que no ha fracasado en su profesión como productor. Y así, comienza una historia de amistad e ilusiones con unos personajes entrañables. Ruffalo acaba por caerte genial y Keira te encandila, ahora también con su bonita voz entonando melodías. Este dúo, junto una banda sonora delicada y cuidadosamente insertada en cada minuto, componen un filme original y con estilo.

Sorprende ver a Adam Levine, la voz de Maroon 5, en la piel de una promesa pujante del pop, y con un estilo menos mainstream al que tiene acostumbrado al público. También son secundarios Catherine Keener, James Corden o Hailee Steinfeld, todos ellos en papeles amigables, como toda la película.

La música y todo su poder cautivador se ha recogido en muchos filmes como una protagonista más: ésta es un claro ejemplo de ello. Además, si el director es irlandés, se sobreentiende todo mejor, dada la pasión de ese país por lo sinfónico, como muestran siempre sus jubilosas calles. El realizador John Carney ya mostró su fascinación melómana en otra aventura musical - esa vez en su Dublín natal-, Once, en la que un compositor deleitaba a los transeúntes con su guitarra, y encontraba a una compañera de andanzas que sufría mal de amores. Aunque Begin again está un poco más crecida, bebe de las mismas fuentes independientes. Lo puramente indie mezclado con un desembolso hollywoodiense da como resultado una confección optimista, cuyo estilo no quedan tan impostado ni demasiado recargado.

Esta no es una peli romántica al uso, ni tampoco una historia de amor fuera de lo común. Antes de eso se la puede encasillar dentro del amplio grupo “títulos sobre Nueva York”, porque  además de ser un relato sobre amistad y superación, parece una crónica de la ciudad. Es un filme lleno de encanto, donde se supura amor sin que haya idilio entre sus dos protagonistas.

© The Weinstein Company
El halo hípster queda patente en todo el metraje, desde el vestuario de Keira hasta las grabaciones de la banda en plena calle. Su Gretta no tiene la hondura ni la mente atormentada de Llewyn Davis, pero atrapa a la concurrencia -Ruffalo, tienes muy buen ojo-, bien sea un grupo de ciudadanos neoyorquinos o los espectadores en la sala.

Begin again es una película que deja con buenas vibraciones con ese toque tan emocional, frágil e idílico, y mucho más si se habla de las segundas oportunidades. En una estación donde normalmente la cartelera se compone de blockbusters y películas infantiles, este largometraje se ha ganado con razón el sobrenombre de “película del verano”.

Se disfruta por toda su candidez y te deja con una actitud positiva al salir de la sala, con ganas de hacerte una playlist nueva y de entrar corriendo en buscadores para mirar billetes asequibles a Nueva York.

Lo mejor: Su frescura.
Lo peor: Defraudará a quien busque una tradicional película romántica.

Por María Aller
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jueves, 14 de agosto de 2014

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Adiós a Lauren Bacall, una de las grandes del Hollywood dorado.

Una estrella de las de verdad, de las que van quedando muy pocas; una dama del mejor cine negro, del de Hawks, del de Huston, del de Bogart. Una mujer que con su belleza y su talento y juventud, encandiló primero a la mujer de Hawks, después a Hawks y por último y para siempre a Bogart. Fallece a los 89 años una de las últimas diosas del Hollywood dorado. Nos deja más de 40 películas para recordarla siempre, y algunas de ellas auténticas obras maestras junto a su amado Bogey.


Los años 40 son los años del primer cine negro, años en los que los grandes directores y los grandes representantes literarios del género, como Chandler, Hemingway y Hammet llevaban sus obras a la gran pantalla. Y así nace Tener y no tener, en 1944. Para el papel protagonista Hawks escogió a Bogart, que ya había hecho papeles similares anteriormente y que llegaba convertido en una grandísima estrella. El papel de la joven que le haría réplica era una incógnita. Por aquel entonces Betty Joan Weinstein Perske, Lauren Bacall más tarde, contaba con 19 años y era todo un bombón habitual de las revistas. Precisamente en la portada de una de ellas la vio la mujer de Hawks y se lo comentó a su marido, que siempre estaba buscando caras nuevas. Rápidamente Hawks contrató a Bacall y esta inició así su carrera en el cine sin imaginarse que el cine se lo iba a dar absolutamente todo.


Cuenta la misma Bacall en sus memorias que desde el principio hubo buen entendimiento con "Bogey", siempre de bromas y aprendiendo tanto de él, dice. Y un día llegó el primer beso. "Llevábamos ya tres semanas de rodaje y se acababa la jornada. Me quedaba una última toma y me había sentado en el tocador del camerino portátil a peinarme cuando entró Bogie a despedirse. Se colocó a mi lado, bromeamos como siempre y de repente se inclinó, me puso la mano debajo de la barbilla y me dio un beso". Bacall y esto se deduce, alucinó un poco, porque Bogart tenía ya 45 primaveras, "era un hombre tímido y no el típico depredador. Se cuidaba de no tener un trato demasiado personal y llevaba fama de no tontear nunca con mujeres ni en el trabajo ni en ningún otro lado". Normal por otra parte, estaba casado con su tercera esposa y ésta tenía fama de celosa patológica montapollos.

Así comenzó la historia de amor que al año siguiente les convirtió en uno de los matrimonios más unidos y estables de Hollywood. Tener y no tener les unió para siempre e hizo que algunas de las escenas de la película se hayan convertido en todo un símbolo del amor, la pasión y la lealtad. Sobre todo aquella en la que la joven Bacall le dice a Bogart, "si me necesitas sílbame". Supuso tanto para ellos, que cuando el actor murió por un cáncer de esófago en 1957, ella compró un anillo y grabó en él estas palabras. Fue enterrado con él, por si acaso la necesitaba. Años más tarde se volvió a casar, tiene tres hijos en total, dos de Bogart y uno de su segundo marido, pero aquel matrimonio no funcionó y la actriz nunca olvidó la pasión con Bogart.


Así lo hacía todo Bacall, con pasión abrumadora. Amar, actuar, reír, llorar, mirar, desconcertar con esos ojos y esa sonrisa... Esos ojos medio rasgados, esa mirada penetrante la llevó a convertirse en una de las más grandes divas de los años 40, 50 y 60. Y se hizo mayor y siguió trabajando, casi hasta el final. Entre su filmografía encontramos títulos como La senda tenebrosa (1947) y Cayo Largo (1948), también junto a Bogart (hicieron juntos cuatro peliculones de puro cine negro), Cómo casarse con un millonario (1953), Escrito sobre el viento (1956), Mi desconfiada esposa (1957), Asesinato en el Orient Express (1974) y ya en su última etapa El amor tiene dos caras (1996), por la que estuvo nominada al Oscar como actriz de reparto, y multitud de películas hasta superar las 40, e incluso aparición en series como Los Soprano. La última vez que la vimos fue en The Forger en 2012. Unos años antes, en el 2009 recibió, al fin, su Oscar Honorífico. Cumplidos los 85 , por fin la academia se había dado cuenta de que Bacall se merecía un Oscar. Deberían habérselo dado en 1944 cuando siendo casi una niña debutó al lado de la consagradísima estrella que ya era Bogart. Pero tuvieron que pasar 65 años. Su Oscar fue entregado fuera de la ceremonia en un acto en el que quiso homenajear al hombre de su vida y a tantos compañeros que ya no estaban presentes. Y lo hizo con su habitual sentido del humor, su gracia y su luz. Con la figura en la mano le decía al público, "cuando llegue a mi casa voy a tener a este pedazo de hombre en mi habitación, no puedo esperar, estoy ansiosa".



En sus últimas intervenciones seguía demostrando ese sentido del humor y esa inteligencia que siempre la caracterizaron. Estaba descontenta con una parte de la industria del cine actual. Y se explicaba. Contaba que había ido al cine con su nieta a ver Crepúsculo. "Mi nieta me decía que era la mejor película de vampiros que había visto jamás, y cuando aquello acabó me apeteció aplastarle la cabeza con el zapato. Entonces le regalé Nosferatu (1922) y le dije, esto sí es una buena película de vampiros". Las pelis de vampiros ya no son lo que eran, al igual que las estrellas de Hollywood. Nos quedamos, sin duda,  sin una de las más grandes y genuinas.

Por Lore Pérez
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martes, 12 de agosto de 2014

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Adiós, Capitán.

Si te pregunto por las mujeres, supongo que me darás una lista de tus favoritas. Puede que hayas echado unos cuantos polvos, pero no puedes decirme qué se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad (…)”.


Así comenzaba el discurso de Sean Maguire a su díscolo pupilo, El indomable Will Hunting, papel que otorgó a Robin Williams el Oscar a mejor actor secundario; por fin la estatuilla llegaba después de más que merecidas ocasiones: Good morning Vietnam, El rey pescador y/o, por supuesto, su John Keating en El club de los poetas muertos.
 
El actor americano ha acabado con su vida. Ironías de la vida que el hombre que nos ha levantado tantas veces el ánimo, bien por sus comedias, bien por sus papeles serios en solventes largometrajes, estuviera pasando por una depresión. No es la primera vez que este mal se lleva a un grande de la interpretación; Williams además  sucumbió a las drogas en dos ocasiones. Clichés de Hollywood, mal que nos pese.

Una pena y un shock para todos los que poco a poco nos íbamos enterando de su muerte en la madrugada pasada. Twitter se abarrotaba de frames de sus películas acompañados de despedidas. Y es que Williams es un rostro que disfrutamos en los noventa, su década dorada – claro que antes y después tiene títulos para aburrir-. Diez años que dan cabida a blockbusters y a obras de culto. Despidámonos.


Adiós a descomunales personajes como Sean Maguire, Mr. Keating, Parry, o el Doctor Sayer de Despertares. Adiós al hombre de las mil muecas. Adiós a Popeye. Adiós al niño grande, como bien postulaban Hook y Jack (sí, la dirigió Coppola). Y cómo no, también Jumanji. Adiós al genio de Aladdin, donde dio rienda suelta a su gran capacidad de imitar voces. Adiós a Adrian Cronauer, locutor que daba los buenos días a Vietnam. Adiós Sra. Doubtfire, no se le puede olvidar vestido de anciana moviéndose al son del Dude (Looks like a lady) de Aerosmith. Adiós al Hombre bicentenario, esa loa que planteaba una vez más el dilema de las máquinas y los sentimientos. Y adiós al mentor de grandes futuros actores: unos jóvenes Matt Damon, Kirsten Dunst o Ethan Hawke compartieron escena con él. Adiós a un trozo del séptimo arte actual: desde manufacturas Disney de bajo grado tipo Flubber hasta el hombre desenfocado que dispuso Woody Allen en Desmontando a Harry. Y adiós a tantos y tantos más… Williams era capaz de todo.


Así que después de la extensa filmografía, para este día en el que la canícula aprieta se puede escoger cualquiera de sus trabajos y admirar a un gran intérprete. Elijan, que el repertorio es amplio (hoy nadie debe avergonzarse por ver Noche en el museo). Robin no merece menor ofrenda.

Aunque de lo que da ganas es de despedirle como ya lo hicieron. Porque no ha habido una partida igual: con esa sublevación emprendida por Ethan Hawke en un aula hace ya veinticinco años. Así que súbanse a las sillas y griten el inicio del poema de Walt Whitman: ¡Oh capitán! ¡Mi capitán!

Por María Aller
@Llesterday_Mary
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miércoles, 23 de julio de 2014

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5 Motivos para admirar a Jean-Pierre Jeunet

No tendrá una filmografía tan vasta como otros, pero posee una personalidad que ya quisieran muchos. Hace unas semanas llegó El extraordinario viaje de T.S. Spivet, el último proyecto del francés Jean-Pierre Jeunet.
 
El realizador es valiente, no sólo se queda en tierra con criaturas adorables como T. S. Spivet, también dirige a la Teniente Ripley, toca diferentes épocas, espacios imaginarios o reales, y siempre tan meticuloso.


 
Jeunet tiene un sello de denominación de origen muy reconocible: un actor fetiche, Dominique Pinon, el habitual uso del objetivo ojo de pez, la rememoración onírica en pantalla junto al personaje en cuestión que sueña, personajes expresionistas… todo para crear un universo propio que posee alcurnia suficiente para mirarse de tú a tú con Tim Burton, Wes Anderson o Almodóvar. ¿Qué le hace tan exclusivo a Jeunet?

El cuenta cuentos

T.S. Spivet es una obra de Reif Larsen, al igual que Largo domingo de noviazgo está basado en una novela homónima. Da igual que sean historias suyas o de otros, a él le gusta insertar al espectador en un cosmos de fantasía y casi sensorial. De eso se trata cuando nos cuentan un cuento ¿O no?

  
El detallista

Bajo su manto de luces naranjas, verdes y amarillos, el cineasta decora cada espacio con absoluta rigurosidad. Desde una habitación, un álbum de fotos, un repertorio de orgasmos, unas trincheras de la Primera Guerra Mundial o un tren que recorre Estados Unidos. Y es que otra de sus peculiaridades: dirección artística de diez.


El innovador

Su forma de usar la cámara, su percepción del mundo, sus conversaciones... Sin duda el director sabe dar rienda suelta a su inventiva como ninguno. Unos pocos lo descubrieron en Delicatessen, el resto del mundo con Amélie. Y con ella, este gabacho nos enseñó una nueva percepción de la vida y él se convirtió en un director de culto. Con imaginación se llega lejos, pero si se aplican grandes dosis de ésta, que es el caso de Jean-Pierre, se recorren más kilómetros. Su tratamiento de la fotografía es ante todo admirable.


El creador de personajes

La Julie de Delicatessen, la pizpireta Audrey Tautou o el genio incomprendido T.S. Rocambolescos, singulares y sobre todo maniáticos, siempre entrañables y llenos de esperanza. Y capaces de meterse en el bolsillo al público mundial, como Amélie Poulain (son tan fuertes esas identidades que a Tautou se la cuesta diferenciar de su avatar de Montmartre). No sólo los protagonistas, también los secundarios, porque Jeunet no se olvida de ellos, y les dibuja con un halo fascinante.


El amante del Séptimo Arte

Él hace películas por el placer de hacerlo (palabras literales del propio Jean Pierre en la 61 Edición de San Sebastián): no puede haber una declaración de amor mayor al séptimo arte. Porque como buen artista que se precie, él expone una proyección colorista del mundo, gracias a su faceta virtuosa de interpretar el cine como arte puro.




Por María Aller
@Llesterday_Mary
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jueves, 17 de julio de 2014

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Los Cazafantasmas: 30 años ¿3 películas?

Who you gonna call? ¿A quién vas a llamar? Ah, los 80, americanas remangadas y hombreras imposibles, vaqueros nevados y bombachos de tono crema, polos Lacoste y pantalones de tenista Ivan Lendl…y el cine más casposo de todos los tiempos. Al amparo de estas consignas nació hace ya 30 años (vamos a morir todos) Ghostbusters, o lo que es lo mismo Los cazafantasmas, esa película que todos hemos visto decenas de veces, y que cuando la vuelven a poner en TV (generalmente en Navidad) la volvemos a ver.



Peter Venkman, Ray e Egon (a los que se une más tarde Winston por aquello de la multiculturalidad yanqui), con sus monos color beige, sus armatostes nucleares a la espalda, su MÍTICO logo, las trampas para fantasmas, la serie de dibujos, Moquete, la pegadiza sintonía de Ray Parker jr (acusado de plagiar la melodía de Huey Lewis and the News "I Want a New Drug”comparad y sacad vuestras propias conclusiones), el “no juntéis los rayos” que todos los hijos de esa generación hemos usado cuando hemos meado con nuestros colegas en plan santa compaña. Total, una película mítica apoyada en el marketing, y que además de la película generó videojuegos, juegos de rol, de mesa, comics…

Y es que además, como comedia de aventuras funciona. Y muy bien. Con un Bill Murray joven y arrollador, un Dan Aykroid sin su blues brother al lado y con un hasta entonces desconocido Rick Moranis. El contrapunto serio lo daba Sigourney Weaver, que tiene una rara habilidad para colarse en proyectos que terminan pasando a la posteridad. 

Que sí señores, que todos nos hicimos un poco de caca cuando vimos aparecer esos engendros mitad morsas mitad perros que querían papearse a la buena de la Weaver , y que convierten a Moranis en el “maestro de las llaves”, pieza esencial para que Gozer el Gozeriano entre en la Tierra a través de una dimensión paralela, y que el mal reine durante milenios en el planeta. Menos mal que el muñeco de los marshmallows era fácil de descomponer en una plasta líquida demerengue. Por Dios, ¿es que no gritaríais igual si vieseis aparecer así a Bill?:


Luego llegó la segunda parte, sin el factor sorpresa, pero con la misma acción y diversión que la primera. Y lo de siempre…que si hay que hacer la tercera colegas, que nos forramos, que ya tengo el guion, que no lo tengo…en todo este tira y afloja nos dejó hace unos meses el bueno de Harold Ramis, Egon, el sesudo científico que soltaba perlas como “la letra está muerta”, o que reconocía haberse acostado con la tostadora poseída. Esto no parece que a Sony, dueña de los derechos, le haya frenado, y sigue erre que erre con resucitar a los cazafantasmas.
Qué soplo de ilusión generacional  sería escuchar a Venkman entonar de nuevo: “Somos los mejores, somos los magníficos…los únicos. ¡Cazafantasmas, hemos vuelto!”

Por J.M.C.
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lunes, 14 de julio de 2014

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El amanecer del planeta de los simios: secuela para la posteridad

Imponente y sobrecogedora. Así es la secuela de El origen del planeta de los simios, una segunda parte que volverá a conquistar a crítica y público. Sin duda.

Matt Reeves, director de esta segunda parte de la saga y de, entre otras, Monstruoso, mantiene en esta ocasión aquel pulso firme con el que Ruppert Wyatt consiguió hacer de la entrega inicial una de las mejores películas del 2011. Un desafío técnico que alcanzó altísimas cotas de calidad y que puso en boca de todos la enorme capacidad de Andy Serkis, un actor que ha hecho de la captura de movimiento un arte y para el que muchos pidieron una nominación.

© Fox
El amanecer del planeta de los simios es ya, seguro, una de las mejores secuelas de la Historia del Cine. Muchos pensaréis que esta afirmación es algo precipitada, pero cuando veáis esta maravilla entenderéis que no es exagerado decir, incluso, que supera a su acertadísima predecesora. La propuesta es, a muchos niveles, más compleja técnicamente y el mérito está en no haber perdido ni un ápice de la humanidad que alumbró brillantes secuencias en la primera parte. En la película de Reeves asistimos a tres o cuatro escenas de gran peso emocional fruto de su credibilidad y gran sensibilidad, rodadas de manera magistral. Estos momentos hacen perfecta réplica y dan el sentido necesario a las partes de acción que, inevitablemente, se tornan más aparatosas.

Como decía al principio de la crítica, mención especial merece un artista sorprendente: Andy Serkis. El actor londinense repite en su interpretación de César, el impresionante líder de los simios, y vuelve a dotar al personaje de un carisma y una personalidad que convierten esta creación digital en un referente único. César es, con diferencia, la figura más importante de la película. Su presencia es sencillamente monumental y la causa de esto es un guión muy lúcido y el trabajo de Serkis, que a estas alturas y después de haber sido Gollum, King Kong y este simio inteligente, merece todos los premios habidos y por haber.

© Fox
Todo, o casi todo, son aciertos en la película. Pocos son los puntos flacos de una producción redonda a todos los efectos. Los secundarios (humanos o simios) ofrecen un gran trabajo y consiguen fortalecer la brutal puesta en escena. Michael Giacchino, por su parte, compone una partitura de gran potencia, muy a la altura del frenético montaje que propone Matt Reeves y que hace de sus 130 minutos de duración uno de los mayores entretenimientos de la temporada. Magnífica.

Lo mejor: la imponente figura de César.
Lo peor: un desaprovechado Gary Oldman.

Por Javier Gómez
@blogredrum
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