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miércoles, 23 de julio de 2014

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5 Motivos para admirar a Jean-Pierre Jeunet

No tendrá una filmografía tan vasta como otros, pero posee una personalidad que ya quisieran muchos. Hace unas semanas llegó El extraordinario viaje de T.S. Spivet, el último proyecto del francés Jean-Pierre Jeunet.
 
El realizador es valiente, no sólo se queda en tierra con criaturas adorables como T. S. Spivet, también dirige a la Teniente Ripley, toca diferentes épocas, espacios imaginarios o reales, y siempre tan meticuloso.


 
Jeunet tiene un sello de denominación de origen muy reconocible: un actor fetiche, Dominique Pinon, el habitual uso del objetivo ojo de pez, la rememoración onírica en pantalla junto al personaje en cuestión que sueña, personajes expresionistas… todo para crear un universo propio que posee alcurnia suficiente para mirarse de tú a tú con Tim Burton, Wes Anderson o Almodóvar. ¿Qué le hace tan exclusivo a Jeunet?

El cuenta cuentos

T.S. Spivet es una obra de Reif Larsen, al igual que Largo domingo de noviazgo está basado en una novela homónima. Da igual que sean historias suyas o de otros, a él le gusta insertar al espectador en un cosmos de fantasía y casi sensorial. De eso se trata cuando nos cuentan un cuento ¿O no?

  
El detallista

Bajo su manto de luces naranjas, verdes y amarillos, el cineasta decora cada espacio con absoluta rigurosidad. Desde una habitación, un álbum de fotos, un repertorio de orgasmos, unas trincheras de la Primera Guerra Mundial o un tren que recorre Estados Unidos. Y es que otra de sus peculiaridades: dirección artística de diez.


El innovador

Su forma de usar la cámara, su percepción del mundo, sus conversaciones... Sin duda el director sabe dar rienda suelta a su inventiva como ninguno. Unos pocos lo descubrieron en Delicatessen, el resto del mundo con Amélie. Y con ella, este gabacho nos enseñó una nueva percepción de la vida y él se convirtió en un director de culto. Con imaginación se llega lejos, pero si se aplican grandes dosis de ésta, que es el caso de Jean-Pierre, se recorren más kilómetros. Su tratamiento de la fotografía es ante todo admirable.


El creador de personajes

La Julie de Delicatessen, la pizpireta Audrey Tautou o el genio incomprendido T.S. Rocambolescos, singulares y sobre todo maniáticos, siempre entrañables y llenos de esperanza. Y capaces de meterse en el bolsillo al público mundial, como Amélie Poulain (son tan fuertes esas identidades que a Tautou se la cuesta diferenciar de su avatar de Montmartre). No sólo los protagonistas, también los secundarios, porque Jeunet no se olvida de ellos, y les dibuja con un halo fascinante.


El amante del Séptimo Arte

Él hace películas por el placer de hacerlo (palabras literales del propio Jean Pierre en la 61 Edición de San Sebastián): no puede haber una declaración de amor mayor al séptimo arte. Porque como buen artista que se precie, él expone una proyección colorista del mundo, gracias a su faceta virtuosa de interpretar el cine como arte puro.




Por María Aller
@Llesterday_Mary
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jueves, 17 de julio de 2014

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Los Cazafantasmas: 30 años ¿3 películas?

Who you gonna call? ¿A quién vas a llamar? Ah, los 80, americanas remangadas y hombreras imposibles, vaqueros nevados y bombachos de tono crema, polos Lacoste y pantalones de tenista Ivan Lendl…y el cine más casposo de todos los tiempos. Al amparo de estas consignas nació hace ya 30 años (vamos a morir todos) Ghostbusters, o lo que es lo mismo Los cazafantasmas, esa película que todos hemos visto decenas de veces, y que cuando la vuelven a poner en TV (generalmente en Navidad) la volvemos a ver.



Peter Venkman, Ray e Egon (a los que se une más tarde Winston por aquello de la multiculturalidad yanqui), con sus monos color beige, sus armatostes nucleares a la espalda, su MÍTICO logo, las trampas para fantasmas, la serie de dibujos, Moquete, la pegadiza sintonía de Ray Parker jr (acusado de plagiar la melodía de Huey Lewis and the News "I Want a New Drug”comparad y sacad vuestras propias conclusiones), el “no juntéis los rayos” que todos los hijos de esa generación hemos usado cuando hemos meado con nuestros colegas en plan santa compaña. Total, una película mítica apoyada en el marketing, y que además de la película generó videojuegos, juegos de rol, de mesa, comics…

Y es que además, como comedia de aventuras funciona. Y muy bien. Con un Bill Murray joven y arrollador, un Dan Aykroid sin su blues brother al lado y con un hasta entonces desconocido Rick Moranis. El contrapunto serio lo daba Sigourney Weaver, que tiene una rara habilidad para colarse en proyectos que terminan pasando a la posteridad. 

Que sí señores, que todos nos hicimos un poco de caca cuando vimos aparecer esos engendros mitad morsas mitad perros que querían papearse a la buena de la Weaver , y que convierten a Moranis en el “maestro de las llaves”, pieza esencial para que Gozer el Gozeriano entre en la Tierra a través de una dimensión paralela, y que el mal reine durante milenios en el planeta. Menos mal que el muñeco de los marshmallows era fácil de descomponer en una plasta líquida demerengue. Por Dios, ¿es que no gritaríais igual si vieseis aparecer así a Bill?:


Luego llegó la segunda parte, sin el factor sorpresa, pero con la misma acción y diversión que la primera. Y lo de siempre…que si hay que hacer la tercera colegas, que nos forramos, que ya tengo el guion, que no lo tengo…en todo este tira y afloja nos dejó hace unos meses el bueno de Harold Ramis, Egon, el sesudo científico que soltaba perlas como “la letra está muerta”, o que reconocía haberse acostado con la tostadora poseída. Esto no parece que a Sony, dueña de los derechos, le haya frenado, y sigue erre que erre con resucitar a los cazafantasmas.
Qué soplo de ilusión generacional  sería escuchar a Venkman entonar de nuevo: “Somos los mejores, somos los magníficos…los únicos. ¡Cazafantasmas, hemos vuelto!”

Por J.M.C.
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lunes, 14 de julio de 2014

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El amanecer del planeta de los simios: secuela para la posteridad

Imponente y sobrecogedora. Así es la secuela de El origen del planeta de los simios, una segunda parte que volverá a conquistar a crítica y público. Sin duda.

Matt Reeves, director de esta segunda parte de la saga y de, entre otras, Monstruoso, mantiene en esta ocasión aquel pulso firme con el que Ruppert Wyatt consiguió hacer de la entrega inicial una de las mejores películas del 2011. Un desafío técnico que alcanzó altísimas cotas de calidad y que puso en boca de todos la enorme capacidad de Andy Serkis, un actor que ha hecho de la captura de movimiento un arte y para el que muchos pidieron una nominación.

© Fox
El amanecer del planeta de los simios es ya, seguro, una de las mejores secuelas de la Historia del Cine. Muchos pensaréis que esta afirmación es algo precipitada, pero cuando veáis esta maravilla entenderéis que no es exagerado decir, incluso, que supera a su acertadísima predecesora. La propuesta es, a muchos niveles, más compleja técnicamente y el mérito está en no haber perdido ni un ápice de la humanidad que alumbró brillantes secuencias en la primera parte. En la película de Reeves asistimos a tres o cuatro escenas de gran peso emocional fruto de su credibilidad y gran sensibilidad, rodadas de manera magistral. Estos momentos hacen perfecta réplica y dan el sentido necesario a las partes de acción que, inevitablemente, se tornan más aparatosas.

Como decía al principio de la crítica, mención especial merece un artista sorprendente: Andy Serkis. El actor londinense repite en su interpretación de César, el impresionante líder de los simios, y vuelve a dotar al personaje de un carisma y una personalidad que convierten esta creación digital en un referente único. César es, con diferencia, la figura más importante de la película. Su presencia es sencillamente monumental y la causa de esto es un guión muy lúcido y el trabajo de Serkis, que a estas alturas y después de haber sido Gollum, King Kong y este simio inteligente, merece todos los premios habidos y por haber.

© Fox
Todo, o casi todo, son aciertos en la película. Pocos son los puntos flacos de una producción redonda a todos los efectos. Los secundarios (humanos o simios) ofrecen un gran trabajo y consiguen fortalecer la brutal puesta en escena. Michael Giacchino, por su parte, compone una partitura de gran potencia, muy a la altura del frenético montaje que propone Matt Reeves y que hace de sus 130 minutos de duración uno de los mayores entretenimientos de la temporada. Magnífica.

Lo mejor: la imponente figura de César.
Lo peor: un desaprovechado Gary Oldman.

Por Javier Gómez
@blogredrum
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lunes, 7 de julio de 2014

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V CONCURSO REDRUM

Piensa tu (sádica) respuesta y cuéntanos ¡No te cortes!


© New Line Cinema

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viernes, 4 de julio de 2014

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Omar: De amores, muros y balas.

Desde las convulsas tierras palestinas nos llega Omar, una historia de violencia, lucha por la libertad y amor incondicional, un amor que, en tiempos de guerra continua, dará una vuelta de tuerca una situación eternamente complicada.

El director Hany Abu-Assad, que ya sorprendió al mundo con la fenomenal Paradise Now, repite nominación al Oscar como mejor película de habla no inglesa con esta fenomenal historia cuyo guión se convierte en uno de los más sólidos vistos hasta la fecha en el panorama internacional. Aparte del reconocimiento de la Academia de Hollywood, Omar fue condecorada con el prestigioso premio Una Cierta Mirada en el pasado festival de Cannes.

© Golem
El filme del director israelí, de 52 años de edad, es una película comprometida con un género tan delicado como es el que trata el conflicto entre israelíes y palestinos  que, además, construye un relato con pocas fisuras a partir de una historia de amor. Un amor tan complicado como la situación que se vive desde hace tantos años por aquellas tierras casi malditas. La propuesta de Abu-Assad muestra gran contundencia y no utiliza ningún medio que pueda resultar manipulador para conducir las secuencias de mayor impacto. La película serpentea con admirable seguridad entre el thriller político y el romance casi shakesperiano.

Omar es un filme muy destacable dentro de lo que llevamos de temporada y su visionado es ciertamente recomendable también por la calidad de las interpretaciones de todos sus actores, en especial la figura del joven Adam Bakri, un talento a tener en cuenta que ejecuta su papel con sentimiento y gran profesionalidad. Bakri se desenvuelve con destreza al desarrollar un personaje con cierta complejidad que consigue transmitir todos los estados anímicos por los que Omar es obligado a pasar con la velocidad de una montaña rusa.

© Golem
El resto de personajes complementan a la perfección al protagonista y generan con suficiencia esa atmósfera de decadencia, desesperación y, en ocasiones, cierta esperanza porque algún día finalice la ocupación de los territorios palestinos. Cisjordania y la franja de Gaza acogen entre tiroteos y muro infinitos, historias de amor como las de Omar y Nadia, capaces de cualquier cosa por entregarse cartas donde se dirán aquellas cosas que las tradiciones y una libertad con barreras no les permiten decirse abiertamente.

Omar es directa, veraz, y no hay minuto del metraje de la película que se aleje o acerque demasiado. Nunca manipula ni lo intenta, huye de cualquier elemento que la haga proclive al posicionamiento del espectador, lo cuál es muy de agradecer. No te dice con ellos o contra ellos, porque no hay que elegir, el filme es lo que es su fenomenal historia y nadie te querrá convencer de lo contrario.

Lo mejor: nunca pierde su realismo y veracidad.
Lo peor: darnos cuenta de que es una guerra sin final.

Por Javier Gómez
@blogredrum
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viernes, 27 de junio de 2014

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Mi Otro Yo: A la sobremesa con Isabel Coixet

Las intenciones de la directora catalana Isabel Coixet en su aventura con el thriller psicológico no han sido suficientes para dar la forma que debería a Mi Otro Yo, una película que despide un sospechoso tufillo a telefilme y cuya propuesta no refleja el talento de una realizadora cuyos trabajos en tiempos pasados fueron mejores. Mi Vida sin Mi o La Vida Secreta de las Palabras son dos de las obras que situaron a a Coixet en el panorama internacional gracias a dos guiones soberbios que se acompañaron de un fenomenal trabajo por parte de actores y, por supuesto, de la directora española. Sin embargo, la última época está empañando una carrera que parece continuar una línea negativa gracias a este último y mediocrísimo largometraje.

© Fox
Mi Otro Yo nos cuenta la historia de Fay, una adolescente que pasa una delicada situación emocional, que comienza a sentir que alguien sigue sus pasos. Cuando cree ver una chica exactamente igual que ella, su vida dará un vuelco acosada por su propio pasado.

Sophie Turner (la pánfila pero adorable Sansa Stark de Juego de Tronos) es la esforzada protagonista de una película que es difícil de definir y de situar, por la poca capacidad y la simpleza de su guión y por un tramo final lleno de tópicos y obviedades. Uno tiene la sensación de acabar de ver un largometraje más cerca de una cinta de sobremesa que de una película seria que pretende atraparte creando una atmósfera de misterio y desasosiego. Precisamente inquietud es lo que provoca la poca creatividad, inteligencia e interés que refleja un filme bastante inepto en todos sus matices.

© Fox
No encuentro virtud en la nueva película de Isabel Coixet y sus últimos trabajos me ofrecen pocas garantías de cara al futuro. La directora muestra mayor productividad en los últimos documentales en los que ha participado o que ha dirigido y que quizá han maquillado un bajón preocupante en una filmografía demasiado irregular. La realizadora catalana puede dar mucho más pero resultados como el de Mi Otro Yo no hacen sino acrecentar más una crisis que parece haberla sacado del buen camino. Un camino por el que era capaz de sorprendernos con una clarividencia que la llevó hasta lo más alto y que, a día de hoy, peligra cada vez más.

Lo mejor: el bautismo cinematográfico de Sophie Turner.
Lo peor: un guión que irrita por su simpleza.

Por Javier Gómez
@blogredrum
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Amanece en Edimburgo: 500 millas de dulzor

El musical es un género amado y odiado por igual, y guste o no, hay imágenes e iconos que vienen a la cabeza con una determinada melodía. ¿Ejemplos?: Gene tan sonriente y empapándose pese a llevar paraguas, Julie danzando por las montañas austriacas, Liza en tugurios poco decentes, Nicole haciendo acrobacias en el Moulin Rouge

Sunshine on Leith es el último título que llevará a los fans a las salas. Ya se sabe que estas tramas no son de profundizar mucho porque siempre tocan el amor desde sus aristas más genéricas y melifluas, todo para que luzca más el espectáculo en sí. Pero que no esperen un vodevil colosal porque esta producción aparca en lo costumbrista; y no sólo por su temática, sino por el corto presupuesto.

© DNA Films
La historia se hilvana con la discografía de los escoceses The Proclaimers. Abba abrió una veda que a día de hoy prosigue. Sus canciones sirvieron para escribir Mamma Mia, un enredo de amoríos y jolgorio veraniego desarrollado en las islas griegas (no podía ocurrir en otra ubicación). España no quiso quedarse atrás, y así los espectáculos horteras de revista tan oriundos de aquí tornaron hacia un estilo más fresco: ahí están los textos de Hoy no me puedo levantar y Marta tiene un marcapasos, homenajeando a Mecano y Hombres G respectivamente –no hay manera de que los ochenta se vayan-.

En este caso, el argumento se lanza con unos soldados que, a punto de entrar en combate, se ponen a entonar canciones, acabando la intro de manera fulminante; la escena descoloca por lo chocante que resulta. A continuación ya todo es más calmado: los chicos regresan al hogar después de su servicio. Los dos amigos, vestidos aún de militares, pasean por Edimburgo y comienzan con el I’m on my way (tema que se oyó en Shrek). Luego empiezan los reencuentros en su vuelta a la vida civil, los amores repentinos, las mentiras y demás tejemanejes tan asiduos de esta categoría cinematográfica.

© DNA Films
Fiestas en los pubs, afabilidad familiar, romances y ansias de transmitir frenesí jovial. Sin embargo, el trasfondo se queda un poco frío. Los problemas que se ven son muy del día a día, y sin las canciones serían la nadería hueca. Que conste que hay ganas de enseñar el espíritu fresco del musical. Si no fuera por el número final, la historia y los personajes lanzarían un mensaje muy insulso; quizá sea porque algunos de los chascarrillos se entenderán más en un contexto británico (seguramente si los musicales españoles se hicieran largometraje sucedería lo mismo). 

Todo el presupuesto parece haber ido a la última escena, la cual consigue que el público se vaya feliz, ¿Quién no se anima con 500 miles? Qué flashmob tan bien llevada en el corazón de Edimburgo, ¡Y cuanto plano y movimiento de cámara! ¿El director se ha dejado influenciar por Michael Bay


Ver una película de esta índole proveniente de Escocia es algo inaudito con lo acostumbrados que nos tiene a las otras sensaciones: la sordidez de Trainspotting, la fuerza de William Wallace en Braveheart, etc. Ahora los campechanos, toscos y cercanos pelirrojos les da por enseñar su faceta moñas. Es como si cada personaje estuviera escuchando en su cabeza “Love is in the air everywhere I look around” todo el rato. Ver a chicos tan blanditos chirría cuando sus paisanos Ewan McGregor y Sean Connery han vendido otra pose más salvaje. Pese a ser tan duros, ellos también saben hablar del amor. Aunque acaramelar tanto el whisky no es bueno porque los toques amargos saben insípidos finalmente.

No posee presupuestos inconmensurables ni estrellas internacionales, ni un cancionero demasiado popular. Pero hay que reconocer su buen hacer. En este amanecer los nubarrones no tapan el sol por completo, así que el día será bonito al fin y al cabo.

Lo mejor: La coreografía final.
Lo peor: Es inevitable compararlo con los grandes; y sale perdiendo.

Por María Aller
@Llesterday_Mary
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