Walter Mitty (Stiller) es un hombre honrado y trabajador que está a cargo del revelado fotográfico en la sede de la revista LIFE. Está loco por una compañera de trabajo (Kristen Wiig) pero esta parece no prestarle demasiada atención, así que sustituye ese anhelo con su facilidad para quedarse en la inopia e imaginar situaciones inverosímiles. La revista debe sacar un último número antes de pasar a una única tirada online y la portada de la misma es la fotografía de un conocido freelance (Sean Penn) cuya fama le ha convertido en una especie de leyenda. El negativo de la foto no llega a la oficina, así que Walter tendrá que decidir si sale en su búsqueda.
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Por lo que, por un lado, tenemos la habilidad de Ben Stiller en la dirección y, por otro, su enorme expresividad y su capacidad para empatizar con el público. Tenemos una historia de valentía, superación y utopías realizables. Todo un reto para Stiller el dar forma a un guión que llevaba 20 años circulando por ahí sin que nadie acabase de tirarse al ruedo y hacerlo realidad. Así que, la conclusión no puede ser más positiva. Stiller ha construido un relato emocionante, simpático y optimista, que acaba por conmover sin la necesidad de forzar los elementos dramáticos del filme, defecto tan común en algunas producciones hollywoodienses.
"La Vida Secreta de Walter Mitty" no es la nueva "Forrest Gump", dicho sea de paso. Algunos medios han usado esta estúpida comparación (permitidme ser implacable) para referirse al filme que nos ocupa, pero no tienen nada que ver. La película de Robert Zemeckis era la aventura épica de un hombre con capacidad limitada a lo largo de varias décadas y contextos históricos. La cinta de Ben Stiller es mucho más sencilla, más personal y menos grandilocuente (a pesar de algunas escenas de mayor aparatosidad), y habla de otras cosas muy diferentes.
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"La Vida Secreta de Walter Mitty" se convierte en una de las sorpresas del año y, aunque no cosechará una pila de premios (quizá ninguno), consigue con su talentoso planteamiento infundir una sensación de optimismo e ilusión que logran pocos títulos a lo largo del año. Una propuesta que se adapta perfectamente al halo de cambio personal que generan las fiestas navideñas y que, desgraciadamente, no duran más alla. Así que, revelémonos ante esa desidia porque... ¡Walter somos todos!
Lo Mejor: Ben Stiller, su mensaje y una atractiva puesta en escena.
Lo Peor: La poca profundidad del personaje que interpreta Kristen Wiig.
Por Javier Gómez



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